Pase lo que pase
Llegaba cansada de extrañarlo. Lo amaba. Anhelaba su presencia por las noches de insomnio aunque tuviera que hacer miles de funciones al amanecer, pues era él el dueño de sus sonrisas, era en sus ojos donde encontraba aquella paz inigualable. Él era quien la hacía ahogarse en un veneno delicioso que la hacía sentir con semejante placer del cual jamás se arrepentiría. El era el dueño de su rostro que la hacía sentir abrumada, quizás enfurecida, pero enamorada...