Dicen que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio. Sufrir en silencio es un grito desesperado, un grito mudo que ensordece. El vacío se vuelve innombrable porque eso que nos falta nos parte el corazón al medio. Es como eso que no queres contar para que no se pinche, crees que el solo hecho de nombrarlo puede arruinar todo.